Es el gran maestro chileno en el sentido de entusiasmar a los jóvenes a ir más allá de la enseñanza común. La obra de Juan Francisco González marcó un hito decisivo en la pintura chilena. Es el primer pintor plena y auténticamente nacional, porque cala como ningún artista de su tiempo en la esencia de lo popular chileno, estampándolo en la tela con su intacta frescura.
González fue un pintor fecundo. Se calcula en más de 4.000 el número de cuadros que salió de sus manos. Con ello atestigua su enorme capacidad de trabajo, su ímpetu creador y su entrega total a la vocación.
Los textos señalan que fue un maestro de figuración patriarcal que irradió, más que su conocimiento, su vivaz e inquieta personalidad. Ello le valió los elogios de los grandes escritores nacionales como Gabriela Mistral y Pedro Prado.
Pese a que en su tiempo fue poco apreciado, la generación artística de principios de siglo lo consideró un ejemplo a seguir.
Algunos de sus cuadros más destacados son "Flores", "La Tísica", "Frutillas", "Retrato de Niña", "Casas de Valparaíso", "Calle de Limache", "Melipillana", entre muchos otros.